martes, 16 de junio de 2020


¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO CON NUESTRA HISTORIA?

En el último mes, hemos podido ver en TV y en prensa algunas noticias relativas a nuestro pasado, a la Historia que todos tenemos en común. Hace pocos días, el alcalde de Londres (Sadiq Khan); al hilo de las violentas protestas que se han producido a raíz de la muerte de George Floyd[1] a manos de un policía y en la que se han derribado estatuas de personajes históricos asociados a la esclavitud, como por ejemplo la del parlamentario y mercader inglés Edward Colston; ha decidido revisar todas las estatuas y monumentos históricos de la capital británica y ha anunciado que retirará aquellas que representen a personajes relacionados con la esclavitud y el racismo. Situaciones así no son nuevas, hace año y medio, en EEUU, retiraron una estatua de Cristóbal Colón. En nuestro país, diversos dirigentes políticos de izquierdas han pedido demoler las estatuas en honor al descubridor de América que hay en nuestro país. Noticias como estas hacen que aquellos que hemos estudiado Historia; que la amamos, la disfrutamos y la sentimos; nos avergoncemos de algo tan inexplicable, incompresible y desagradable. En este artículo, explicaré brevemente algunos de los casos más recientes, contextualizando históricamente cada monumento.

La Historia es la disciplina que estudia los acontecimientos ocurridos en el pasado: sus causas, desarrollo, consecuencias, sus protagonistas, etc. Si no conocemos nuestra Historia, no podemos comprender el presente. Ya sea en el pueblo más pequeño o en una gran urbe, estamos rodeados de Historia: una iglesia, un edificio, la lengua que hablamos o incluso las tradiciones y fiestas que celebramos. Todo tiene un origen y un  por qué, nada ocurre al azar. Hay que entender algo fundamental a la hora de acercarse a la Historia: todo cambia a lo largo del tiempo. Las mentalidades, la política, la sociedad, la economía, el papel de las religiones, instituciones... todo sufre una evolución con el paso de los siglos. Pongo un ejemplo, la esclavitud. En la actualidad, vemos esto como algo espantoso, cruel e inhumano, pero en 1720 (por poner una fecha a modo de ejemplo), no era así en absoluto. Estaba aceptada en la sociedad de la época y era una de las principales herramientas de los imperios coloniales para crecer económicamente y dominar los territorios conquistados. Cada acontecimiento, fenómeno o personaje histórico ha de ser estudiado en perspectiva, en su correspondiente contexto político, económico, social... No se puede estudiar el pasado con los ojos del presente, y menos todavía, juzgarlo. Los historiadores denominamos esto con una expresión, "anacronismo".   

Tras estos apuntes sobre la Historia, vayamos al grano. Como ya he mencionado en la introducción, las autoridades londinenses han ordenado hacer una lista de monumentos para retirar aquellos que estén relacionados con la esclavitud o tengan connotaciones racistas. Es una decisión que mezcla demagogia, intereses políticos e Historia. Un cóctel letal. Lo primero que hay que decir al respecto es que la esclavitud fue un fenómeno histórico que formó parte de la sociedad durante mucho tiempo. Ya existía en el Antiguo Egipto hace más de tres mil años (fueron miles de esclavos los que construyeron las famosas Pirámides egipcias, ¿vamos a derribarlas por eso?) y continuó durante siglos. Todas las potencias que se expandieron a lo largo y ancho de los continentes americano, asiático y africano comerciaban con personas como si fuesen una mera mercancía sin valor alguno. Portugal, Reino Unido, España, Francia... todos practicaron la esclavitud en mayor o menor medida. Los esclavos eran transportados en barcos (en pésimas condiciones), desde el Caribe y América Latina hacia Europa o desde África hacia América. Una vez llegados al destino, eran obligados a trabajar en minas, plantaciones, o sirviendo a terratenientes ricos y otros dirigentes. El duro y sangriento trabajo esclavo aportó incontables riquezas y beneficios a las diferentes potencias coloniales durante buena parte de la Edad Moderna. Ya en el siglo XIX, el auge del Liberalismo, los nuevos principios de libertad e igualdad y el empuje de las revoluciones nacionalistas de 1848 en Europa provocaron que los diversos países fuesen aboliendo la esclavitud. En 1807 y 1833 lo hizo el Reino Unido, en 1869 Portugal, Francia en 1848, y en el caso de España, fue abolida en tres partes: en la Península (1837), en Puerto Rico (1873) y finalmente en Cuba (1886). La esclavitud no la llevaron a cabo únicamente los europeos, también los EEUU fueron esclavistas durante décadas. Sin ir más lejos, varios de los fundadores de esta nación (como Thomas Jefferson), tenían cientos de esclavos. El debate sobre la abolición de esta práctica se convirtió en un auténtico problema nacional para este país, hasta el punto de provocar una sangrienta guerra civil entre 1861 y 1865, al término de la cual la esclavitud fue abolida[2].

El segundo caso que planteo ocurrió también recientemente. Hace año y medio, el Ayuntamiento de Los Ángeles decidió retirar una estatua de Cristóbal Colón (por si fuera poco, en las protestas anteriormente mencionadas, también se están derribando sus estatuas). ¿Cuál fue el argumento empleado?, según dicho consistorio, "Sus actos contribuyeron al mayor genocidio jamás registrado. Su imagen no se tiene que celebrar en ninguna parte". Por su parte, Teresa Rodríguez (política andaluza de Podemos) ha afirmado en esta línea que "Nos parece que es una buena idea, dejar de rendir homenajes a esas figuras por respeto a personas de otras razas que han sido víctimas de esto en otras épocas".  

Estas argumentaciones, no solo son denigrantes hacia la Cultura e Historia hispanas y americanas, sino que son absolutamente falsas. Veamos por qué. Cristóbal Colón (Génova, 1451- Valladolid, 1506) fue un navegante y almirante de origen italiano. Durante años, estudió y leyó diversas obras de Geografía al mismo tiempo que adquiría experiencia como marino. En 1492, convencido de que había una ruta alternativa para llegar a las Indias (nombre por el cual se denominaba en aquella época al Extremo Oriente) y así abrir nuevas rutas comerciales; logró que los Reyes Católicos aprobaran y financiaran su ambicioso proyecto. El 12 de octubre de ese año, Colón y sus tres embarcaciones llegaron a la isla de Guanahaní (actual San Salvador, en Bahamas). Aquel día cambió por completo la Historia de la Humanidad, dos mundos completamente distintos se encontraban por primera vez. A partir de entonces, nada volvió a ser como antes, el descubrimiento de Colón dio paso a una nueva era en la Historia: la Edad Moderna, cuyo impacto cultural, político, religioso (entre otros) todavía pervive con enorme fuerza en la actualidad.

Es cierto que Cristóbal Colón vendió como esclavos a indígenas de la isla de La Española tras sofocar una rebelión y que no gestionó adecuadamente dicho territorio. Además, fue destituido de sus cargos y juzgado por ello. Aunque después fue absuelto por la reina Isabel la Católica y pudo regresar a América. Este episodio no constituye ningún genocidio y no puede empañar en absoluto la figura de uno de los personajes clave de la Historia de la Humanidad, ni tampoco desprestigiar ni menospreciar una de las mayores hazañas llevadas a cabo por el Hombre: el Descubrimiento de América.

La conquista y colonización de este continente estuvo llena de claroscuros. Hubo muerte y explotación de indígenas americanos (debido también a las enfermedades europeas contra las que no estaban inmunizados), pero este proceso también dejó un legado incalculable en el mundo latinoamericano: nuevas ciudades, tradiciones, cultura, religión, idioma, mestizaje... las raíces de casi todos los países latinoamericanos son sin duda españolas. Así pues, Colón y los españoles no cometieron ningún genocidio sobre los pueblos americanos, es más, los Reyes Católicos y sus sucesores se aseguraron de proteger y defender los derechos de los nativos americanos. El objetivo de los descubrimientos era evangelizar, no esclavizar. En 1512, las Leyes de Burgos establecieron que los indios no podían ser maltratados, debían ser evangelizados y tratados como seres libres: "nadie puede pegar ni flagelar a un indio ni llamarlo perro, ni ningún otro insulto, salvo que así se llame el aborigen". Posteriormente, Carlos V mejoró la legislación para proteger a los indios y otorgarles más derechos con las llamadas Leyes Nuevas (1542).

A diferencia de las colonizaciones inglesas; en las que exterminaron a poblaciones enteras de nativos, impusieron la religión Protestante y no permitieron el mestizaje; la Monarquía Hispánica fue una adelantada a su tiempo, diseñó un cuerpo legislativo para proteger a los indios americanos, aunque también es verdad que no siempre se obedecieron estas leyes, lo que hizo que los abusos y el maltrato a los indios continuaran, especialmente en las primeras décadas tras el Descubrimiento. La figura de Cristóbal Colón y el Descubrimiento de América son esenciales para comprender no solo la Historia de Latinoamérica, sino también la de buena parte de EEUU, pues el sur de dicho país (sin ir más lejos, la misma ciudad de Los Ángeles fue fundada por españoles) oficialmente fue territorio imperial español desde 1519 hasta 1821, bajo el nombre de Virreinato de la Nueva España[3]. Además, las actuales Luisiana, Arkansas, Nebraska, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Montana, Idaho, Minnesota, Missouri y Iowa también fueron territorio español entre 1762 y 1801.

En este caso, no solo se ignora y se desprecia el importantísimo legado hispano en EEUU, sino que se manipula abiertamente la Historia. La sociedad no debe ignorar o despreciar su pasado, debe de entenderlo, asumirlo y comprenderlo. Afortunadamente, dirigentes como el Presidente de la República Francesa Emmanuel Macron, han puesto cordura en medio de esta desconcertante situación, afirmando claramente que "La República no borrará ninguna huella ni ningún nombre de su historia. No olvidará ninguna de sus obras. No desmontará estatuas".     

Por fortuna, en 2020 ya no existe la terrible práctica de la esclavitud, si bien es cierto que en algunos países occidentales aún hay racismo en la sociedad. Luchar contra el racismo o defender una causa justa siempre es correcto, pero no puede convertirse en un pretexto para reescribir la Historia, borrando aquellos personajes o episodios que no agradan a un determinado sector de la población o que no gustan a un partido político determinado. No se puede mezclar Historia y política, es un grave error. Tampoco se debe juzgar el pasado desde nuestra perspectiva actual, así es imposible entenderla. Los monumentos deben preservarse, para que la sociedad conozca y entienda su pasado, y su presente. No hay que derribarlos. En el caso de la Historia de España, no debemos de avergonzarnos ni juzgar nuestro pasado, debemos de estar orgullosos de nuestros grandes personajes y hechos, y al mismo tiempo estudiar los errores cometidos para no volver a repetirlos. Tenemos que asumir nuestra Historia, con sus luces y sus sombras, y estudiarla en su contexto, sin ambages ni mentiras. Solo así conseguiremos entenderla y no tener que preguntarnos qué hacer con ella.

Fuentes:

https://es.wikipedia.org/wiki/Colonizaci%C3%B3n_espa%C3%B1ola_de_Am%C3%A9rica

https://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/colon_cristobal.htm

https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-11-12/retiran-estatua-cristobal-colon-los-angeles_1643671/

https://www.lavanguardia.com/vida/20200609/481701105595/reino-unido-revisa-sus-estatuas-de-racistas-mientras-prosiguen-las-protestas.html

https://www.elmundo.es/internacional/2020/06/14/5ee67f58fc6c83ff568b459a.html        

https://www.abc.es/cultura/abci-teresa-rodriguez-apoya-desmantelar-estatuas-cristobal-colon-202006151030_noticia.html

THOMAS, Hugh, El Imperio Español, De Colón a Magallanes. Barcelona, Planeta, 2018

EVANS, Richard J., La Lucha por el poder. Europa 1815-1914. Barcelona, Crítica, 2017

 
 
 
 
 
 




[1] Un crimen racista e intolerable en pleno siglo XXI.
[2] Por desgracia, en el Sur del país, siguieron promulgándose leyes de carácter racista y segregacionista (las llamadas "leyes de Jim Crow") contra la población negra, que no fueron definitivamente abolidas hasta un siglo después, en 1965.
[3] Se extendía por los actuales estados de California, Nuevo México, Arizona, Texas, Nevada, Florida, Utah y parte de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma (EEUU); y México.

jueves, 23 de abril de 2020


LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN
Inicios de los años 70. Todo sigue igual tras el Telón de Acero[1]: la RFA y la RDA son dos mundos completamente distintos. Mientras en Berlín Occidental el nivel de vida es alto y hay bienestar, en el lado oriental, sus habitantes aún no alcanzan las cifras de sus vecinos occidentales, pero se empieza a notar una leve mejoría económica (acorde con la evolución positiva de la economía en época del mandato del líder soviético Leónidas Brézhnev[2]). En la República Federal, hay libertad y un firme sistema democrático. La RDA continúa siendo un régimen autoritario donde las decisiones las toma un solo partido: el Partido Socialista Unificado de Alemania, dirigido a su vez por el Politburó[3] en Moscú. El Muro (que continuaba siendo prácticamente impenetrable[4]) se reforzó con planchas de acero y la represión política a los opositores continuó siendo firme. La tristemente famosa y temida policía secreta, la Stasi, realizaba continuas redadas, detenciones, espionaje, torturas y censuraba duramente cualquier opinión contraria al régimen o del exterior. Un estado autoritario y policial en toda regla. Cualquier persona podía ser informador a sueldo de la policía: un amigo, un vecino o incluso un familiar. Los ciudadanos de la RDA nunca sabían cuando podían ser detenidos, en ningún momento estaban seguros.  
En el plano diplomático, ya desde finales de los 60 se percibieron ciertos cambios en las relaciones entre bloques. Surgió un nuevo clima de relativa confianza entre las superpotencias norteamericana y soviética (calificada como distensión o "détente"), que permitió a su vez la estabilización de la Guerra Fría y el acercamiento gradual a otras importantes potencias como China o India (principalmente por parte de EEUU). Se puso sobre la mesa un objetivo clave: buscar acuerdos que redujeran los armamentos y la posibilidad de una guerra nuclear. Esta nueva situación geopolítica no pasó desapercibida en la Alemania dividida. El canciller federal, el socialdemócrata Willy Brandt, promovió la llamada "Ostpolitik". Esta estrategia permitió que empezaran poco a poco a restablecerse las relaciones diplomáticas entre las dos alemanias. Otro gran logro de este canciller fueron los acuerdos de cooperación económica alcanzados con el bloque soviético. Tras más de dos décadas de desencuentros, parecía que la RFA y la RDA podían llevarse bien. Incluso los dirigentes comunistas de la RDA[5] vieron con buenos ojos este giro total, firmando un acuerdo de gran importancia: el Acuerdo Básico. Por primera vez ambos países intercambiaban información sobre tecnología, ciencia, bienes de consumo y al mismo tiempo se comprometían a respetarse jurídicamente el uno al otro. Corría 1972, y todo parecía marchar de forma tranquila y cordial entre las dos alemanias. Tanto Washington como Moscú relanzaron a su vez sus esfuerzos para que esta nueva situación continuase. Curiosamente, fueron algunos países europeos como Francia o el Reino Unido los que más desconfiaron de esta política, argumentando (en parte con razón, pues en los años 70, más de 11000 opositores fueron detenidos y se incrementó el terrorismo en la RFA[6]) que no había nada que hablar con un régimen autoritario como la RDA.     
Desgraciadamente, a finales de la década de los 70, la Guerra Fría volvió a poner al mundo al borde del desastre. La "détente" finalizó bruscamente debido a varios acontecimientos, principalmente la prolongación de la crisis económica derivada de la Crisis del Petróleo (1973), el nuevo impulso de las políticas conservadoras en EEUU (rechazando los acuerdos alcanzados con la URSS), el despliegue de nuevos misiles nucleares soviéticos y sus intervenciones militares en países como Angola o Afganistán. Mientras tanto, en la RFA, los distintos sucesores de Brandt siguieron apostando por mantener las buenas relaciones, mientras el crecimiento económico continuaba, aunque atenuado por la crisis económica. Al otro lado del Muro, Erich Honecker es designado nuevo Presidente de la República Democrática Alemana en 1976. Este firme dirigente comunista va a ser uno de los protagonistas en la sucesión de acontecimientos que condujeron a la Caída del Muro en 1989. Conforme avanzaban los años 80, las relaciones entre la RFA y la RDA se estancaron de nuevo. Mientras la primera se integraba plenamente en la Comunidad Europea (germen de la futura Unión Europea), la RDA estaba cada vez más aislada de Europa y del resto del mundo.
En medio de una de las décadas más turbulentas de la Historia reciente, no se veía un horizonte esperanzador para Alemania por ninguna parte. Parecía que el Muro no iba a caer nunca. Las autoridades reforzaron su construcción ante los cada vez mayores intentos de fuga de personas desde la RDA hacia la RFA. Las dificultades económicas se agravaban para Alemania Oriental: una deuda cada vez mayor, baja productividad industrial, bajos sueldos, alta inflación y escasez de productos básicos (en muchos hogares, comer carne o tener un teléfono se convirtió casi en un lujo). Por si fuera poco, la URSS también atravesaba una fuerte depresión económica, lo que menguaba las ayudas de las que tanto dependía el régimen de Honecker. Además, la muerte de Brézhnev le privó de uno de sus apoyos más importantes.
La década de los 80 fue paradójica: las enormes tensiones entre los bloques occidental y soviético provocaron que el mundo quedara al borde de un conflicto nuclear y al mismo tiempo se produjeron varios acontecimientos que precipitaron el final de la Guerra Fría. Es aquí donde el Muro de Berlín cobró un protagonismo decisivo. La situación en Berlín (y en la RDA) seguía prácticamente igual: dura represión de las protestas (cada vez más intensas), cero reformas y una situación económica cada vez peor. Sin embargo, la llegada de un nuevo líder a la URSS pareció dar ciertas esperanzas a una posible reunificación. Mijaíl Gorbachov[7] decidió que había que dar un nuevo rumbo e intentar reformar la Unión Soviética mediante dos ejes fundamentales: Glásnost (apertura) y Perestroika (reestructuración). No solo había que reformar la economía soviética[8], hundida por completo, sino también permitir una mayor libertad de expresión en la propia URSS[9], y abrirla al exterior, abandonando definitivamente el objetivo primordial de dicha nación desde hacía décadas, la victoria del Comunismo en todo el mundo. A pesar de todo, esta nueva política se encontró con la oposición de parte del Politburó, que creyó que las reformas de Gorbachov destruían la esencia del Comunismo soviético (y en parte, así sucedió).
Desgraciadamente para los habitantes de Alemania Oriental, estos importantes cambios políticos y económicos no se tradujeron en reformas positivas para su país. Honecker mostraba una doble cara: aparentemente apoyaba a Gorbachov y sus medidas, pero en realidad se mostró muy intransigente, no tomaría ninguna iniciativa que le hiciera perder el poder. Los ciudadanos germanoorientales; plenamente conscientes de la nueva situación en Europa; se echaban a la calle cada vez más para reclamar libertades y derechos, ¿cuál fue la respuesta del régimen?, más represión. En 1987, la presión hacia la RDA para que abriera el Muro no solo llegaba desde EEUU y el bloque Occidental (con el presidente de EEUU Ronald Reagan y el canciller alemán Helmut Kohl a la cabeza), sino también desde la misma URSS. A la altura de 1989, la paciencia de Gorbachov con Honecker se estaba agotando. Cada día que pasaba, eran más personas las que veían el Muro de Berlín como una barrera ideológica sin ningún sentido, como un auténtico infierno de hormigón y acero. Durante el verano de ese mismo año, cientos de miles de personas escaparon de la RDA hacia Alemania Occidental por la frontera húngara. Honecker estaba desesperado por conservar el poder a toda costa, incluso sopesó la posibilidad de desplegar al ejército para aplastar las protestas[10]. Por fortuna, finalmente se echó atrás ante la negativa de la policía y el ejército.
El 9 de octubre de 1989, un mes antes de la caída del Muro, Gorbachov visitó Berlín Oriental para las celebraciones conmemorativas del 40º Aniversario de la RDA. El clima era especialmente tenso, Gorbachov dejó bien claro a Honecker (quien dimitiría pocos días después por problemas de salud y tras ser destituido por su propio partido) que ya no le apoyaba. La RDA y el Muro de Berlín seguían en pie, pero tenían los días contados. El día 9 de noviembre, todo se aceleró de repente cuando el portavoz del Gobierno germanooriental; Günter Schabowski; afirmó en rueda de prensa que se podía cruzar a Berlín Occidental con un nuevo permiso especial, sin restricciones[11]. Este histórico y sorprendente momento quedó captado por las cámaras de Tv de todo el planeta.
Esa misma tarde, decenas de miles de personas se agolparon ante los puestos fronterizos del Muro para poder salir, ante unos atónitos guardias que no sabían cómo reaccionar. Finalmente, cedieron y casi a medianoche, abrieron las barreras del Muro. Miles de habitantes de Berlín Oriental cruzaron al lado Occidental, muchos no salían de su asombro ante todo lo que veían: coches y electrodomésticos nuevos y modernos, tiendas con todo tipo de productos, viviendas amplias y equipadas, ¡hasta los cigarrillos y el chocolate eran de mejor calidad que en la RDA! Las avenidas y calles de Berlín se convirtieron en una fiesta durante los siguientes días. Además, se produjeron emocionantes escenas entre familiares que se reencontraban después de casi tres décadas separados. En pocos meses, la RDA se disolvió, el Muro fue derribado y Alemania se reunificó tras 45 años dividida. La Caída del Muro supuso el principio del fin de la Guerra Fría, un punto de inflexión clave. El Muro de la Vergüenza por fin había caído, la libertad triunfó frente a la tiranía. Los alemanes (en esta ocasión para bien) cambiaron la Historia de la Humanidad para siempre.
Enlaces:
Fuentes:
ARNE WESTAD, Odd, La Guerra Fría. Una historia mundial. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018
https://www.elmundo.es/internacional/2019/11/07/5dc0284021efa0740a8b45b9.html
MCMAHON, Robert J., La Guerra Fría. Una breve introducción. Madrid. Alianza Editorial, 2009









[1] Expresión empleada por el Primer Ministro Británico Winston Churchill en un discurso en 1946. Definió así el nuevo orden mundial surgido de la Segunda Guerra Mundial.
[2] Líder soviético y Secretario General del Partido Comunista de la URSS entre 1966 y 1982.
[3] Máximo órgano de poder de la URSS.
[4] Aunque hubo algunas fugas de película, como la protagonizada por un soldado que embistió el muro con un tanque, logrando atravesarlo y escapar al lado Occidental.
[5] En buena parte fueron obligados a seguir la nueva línea marcada por Moscú, ya que inicialmente, Walter Ulbricht se negó a cualquier tipo de acercamiento de la RDA a la RFA.
[6] Patrocinado y dirigido secretamente por el régimen comunista, la organización terrorista "Fracción del Ejército Rojo" (Baader-Meinhof) llevó a cabo numerosos atentados contra dirigentes, policías y militares de la RFA.
[7] Líder soviético y Secretario General del Partido Comunista de la URSS entre 1985 y 1991.
[8] Por ejemplo, permitiendo a las empresas mayor libertad de producción o fomentando la propiedad privada.
[9] Además, se empezaron a permitir las críticas al gobierno soviético, algo completamente prohibido desde 1917.   
[10] Esto es exactamente lo que el régimen comunista chino hizo en junio de 1989, aplastar las protestas de la Plaza de Tiananmen a sangre y fuego. Se calcula que murieron unas 10000 personas.   
[11] Estas medidas de apertura fueron idea del nuevo canciller, Egon Krenz, mucho más tolerante que su predecesor.    

sábado, 9 de noviembre de 2019


EL MURO DE BERLÍN: ORIGEN

La cuestión de qué hacer con Alemania no había sido del todo resuelta por los antiguos Aliados tras la Segunda Guerra Mundial. No se pudo firmar ningún tratado firme. A pesar de esto, en las conferencias de Yalta y Potsdam se alcanzaron algunos importantes acuerdos: división y ocupación de Alemania en cuatro zonas, pago de las indemnizaciones, y la creación de una Comisión de Control Interaliada para iniciar un proceso de "desnazificación", que incluyó los Juicios de Núremberg. Además, norteamericanos y soviéticos demarcaron sus respectivas franjas de ocupación. Hasta 1947 todo parecía marchar de forma relativamente tranquila. Alemania había sido incorporada al Plan Marshall, ya que EEUU consideraba clave levantar su economía para asegurar la estabilidad europea. La zona Oeste se benefició de las ayudas. Sin embargo, los soviéticos se negaron a aceptar el plan por considerarlo un "trampolín para atacar la Unión Soviética", una forma de agresión capitalista e imperialista de EEUU contra la URSS. Aquí empezaron los problemas de la cuestión alemana. La zona E del país todavía seguía devastada mientras que el O poco a poco mejoraba. Stalin estaba más preocupado por dominar Alemania Oriental y reforzar su poder que por la mejoría económica que tanto necesitaba la población germana. Tras el intento estadounidense de introducir una reforma monetaria para agilizar la economía, Stalin decidió bloquear Berlín[1] (también dividida en dos zonas, la norteamericana y la soviética): durante un año, trató de impedir que llegara cualquier tipo de ayuda a los berlineses. Fracasó. La población pudo recibir suministros diariamente gracias a un colosal puente aéreo norteamericano. En el aeropuerto de Tempelhof aterrizaban hasta 900 aviones al día, uno cada tres minutos.   

Tras meses de tensión, en 1949, se crean en Alemania dos estados. En el O, la República Federal de Alemania (democracia capitalista, con capital en Bonn), y en el E la República Democrática Alemana (dictadura comunista, con capital en Berlín Oriental). No había vuelta atrás. La división alemana era ya un hecho. A pesar de esto, tanto estadounidenses como soviéticos consideraron propuestas de unificación durante los siguientes años. Sin embargo, la mutua desconfianza en una Alemania fuerte que pudiera volver a ser una amenaza (ya fuera en la esfera de EEUU o comunista) alejó cualquier posibilidad de unión. Esto, sumado a la incorporación de la RFA a la OTAN en 1955 todavía aumentó más si cabe los recelos rusos. A comienzos de los años 50, mientras la economía de Alemania Occidental se recuperaba lenta pero constantemente a un espectacular ritmo de un 5% anual, la situación en Alemania Oriental empeoraba. Su aislamiento internacional era también preocupante. Ante las protestas ciudadanas en la RDA, la represión aumentó y las fronteras se reforzaron; Esta medida no tuvo éxito: miles de ciudadanos huían hacia la zona occidental, en su mayoría trabajadores cualificados, lo que perjudicaba aún más la economía. La política socialista de nacionalización de las industrias del país y los planes quinquenales estatales fracasaron estrepitosamente.

Al mismo tiempo que el Canciller alemán Konrad Adenauer[2] buscaba la unificación del país, las autoridades de Alemania Oriental pidieron ayuda desesperada al nuevo líder soviético, Nikita Kruschev[3]. El cruce de alemanes del E al O fue constante durante esos años: más de dos millones de personas entre 1949 y 1961. Conscientes de esta situación, Kruschev y Walter Ulbricht[4] decidieron cerrar definitivamente el flujo. Para ello tomaron dos medidas: primero reforzaron los lazos entre ambos países firmando un tratado de paz (dado que todavía existía el estado de guerra) y reconociendo la soberanía completa de dicho estado. Esto suponía una seria advertencia a Occidente: atacar a la RDA era atacar a la URSS, con todas las consecuencias. En segundo lugar, se comenzó a construir una barrera física para impedir la fuga de berlineses del E al O: el tristemente célebre Muro de Berlín. El 13 de agosto de 1961 y ante la mirada incrédula de los habitantes de la ciudad, soldados de la RDA comenzaron a levantar un impenetrable muro de hormigón de tres metros de altura, acero y alambre de espino de 155 km de longitud. Torres de vigilancia, perros policías y campos de minas protegían la construcción día y noche.

Uno de los hitos más importantes de este símbolo de la Guerra Fría tuvo lugar en junio de 1963, cuando el entonces presidente de EEUU John Fitzgerald Kennedy visitó Berlín Occidental y dio un discurso que ha pasado a la Historia: “Ich bin ein Berliner” (“yo soy berlinés”). Fue toda una oda a la libertad, denunciando el totalitarismo soviético. Kruschev; que en 1958 ya había lanzado un ultimátum a Occidente amenazando con ocupar Berlín O; creyó que el muro serviría como método disuasorio contra las potencias occidentales, a fin de evitar una confrontación a mayor escala. Por su parte, aunque Kennedy se comprometió a defender a la RFA en caso de ataque, tampoco creyó conveniente un enfrentamiento directo con los soviéticos. Esta actitud decepcionó a sus aliados de la RFA. El muro era espantoso, pero un mal menor en comparación con una guerra.  Sin embargo, a finales de 1961 se produjo un momento de especial tensión que a punto estuvo de llevar al mundo a una Tercera Guerra Mundial: un tanque norteamericano y otro soviético estuvieron apuntándose frente a frente en el famoso Checkpoint Charlie[5] durante 24 angustiosas horas. Finalmente, ninguno de los dos bandos decidió abrir fuego. Aunque la tensión continuaría durante años.   

Familias divididas, vigilancia constante, torturas y detenciones.... Barrios enteros quedaron completamente partidos en dos, la circulación entre el lado occidental y el oriental quedó estrictamente prohibida. Desde el momento en el que las autoridades de la RDA colocaron los primeros bloques cientos de personas intentaron escapar por todos los medios posibles: escondidos en el motor de un coche, a través de un túnel e incluso... ¡en un globo aerostático! Algunas lo consiguieron, desgraciadamente otros tantos no tuvieron la misma suerte, fue el caso del joven alemán Werner Probst, que fue tiroteado cuando intentaba cruzar a nado el río Spree y el famoso Peter Fechter, que también murió abatido por las balas de la policía de Alemania Oriental mientras trataba de atravesar el muro. Los guardias tenían órdenes expresas de disparar a cualquier persona que intentara pasar al lado Oeste. En palabras del socialdemócrata Willy Brandt[6], el Muro era "una injusticia espeluznante". En efecto, la pesadilla para miles de berlineses y una de las etapas más negras de la Historia reciente no había hecho más que empezar.

Fuentes:

LEWIS GADDIS, John Lewis, La Guerra Fría. Barcelona, RBA Libros, 2008

ARNE WESTAD, Odd, La Guerra Fría. Una historia mundial. Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2018






 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Esta acción ha pasado a la Historia como el "Bloqueo de Berlín", una de las primeras crisis de la Guerra Fría (1948).  
[2] Político conservador. Fue jefe de gobierno de la República Federal Alemana entre 1949 y 1963.
[3] Secretario General del Partido Comunista de la URSS (1953-1964) y Presidente del Consejo de Ministros de la URSS (1958-1964).
[4] Secretario General del Partido Socialista Unificado de Alemania (1950-1971) y Jefe de Estado de la RDA (1960-1973).
[5] Paso fronterizo en el centro de Berlín, hoy en día es un lugar turístico muy visitado.
[6] Alcalde de Berlín Oeste (1957-1966) y Canciller de la República Federal Alemana (1969-1974).

sábado, 10 de agosto de 2019


EL DÍA D III: OMAHA

Omaha. Esta playa de 1.200 m de longitud está a punto de pasar a la historia bélica como sinónimo de muerte y horror. Sin embargo, a las cuatro de la mañana de aquel 6 de junio de 1944, los miles de soldados agolpados en grandes buques no son conscientes de esto. Aún no ha amanecido cuando los hombres de la 1ª División de Infantería[1] y la 29ª División empiezan a embarcar en las distintas lanchas LCVP (Landing Craft Vehicle and Personnel, para transporte de infantería) y las LCT, (Landing Craft Tank, para los tanques). Como en la playa Utah, los bombarderos empiezan a arrojar miles de toneladas de bombas sobre las defensas germanas. Al mismo tiempo, decenas de cruceros y destructores apoyan el ataque lanzando todo su potencial (incluidas lanzaderas de cohetes instaladas en los propios buques). A primera vista, parecía que iba a ser pan comido para las tropas aliadas, que creen que el desembarco va a ser un paseo. Nada más lejos de la realidad. Por diversos errores de cálculo, los bombardeos aéreos y navales casi no han hecho efecto en los alemanes. Los barcos aliados se extienden a lo largo de toda la costa normanda, creando una imagen única. El testimonio del soldado alemán Werner Pluskat es revelador, no podía creer la magnitud de la fuerza de invasión que tenía justo delante:

“-Es la invasión. Miradla- Cogió el teléfono y llamó al comandante Block que estaba en el Cuartel General de la 352ª División.

-Block, es la invasión. Debe haber diez mil barcos- Sus propias palabras le resultaron increíbles.

- ¡No puede ser, Pluskat! -chilló Block-. Entre todos los barcos americanos e ingleses no suman tantos. ¡Nadie tiene tantos barcos!

La respuesta de Block sacó a Pluskat de su asombro.

-Si no me crees, ven a verlo tú mismo. ¡Es fantástico! ¡Es increíble! - siguió gritando.

Hubo una pequeña pausa, y Block preguntó:

- ¿Hacia dónde se dirigen esos barcos?

Pluskat, con el teléfono en la mano, miró por la abertura del búnker, y contestó:

-Directamente hacia mí.”

Las divisiones alemanas 352ª y 716ª estaban alerta tras el bombardeo. Rápidamente empiezan a preparar todas las armas a su disposición para rechazar el desembarco. Cabe destacar que la primera de estas unidades había sido fuertemente reforzada con infantería y artillería anticarro, antiaérea e incluso carros de combate de apoyo. Por otra parte, la 716ª era más débil. Tenía menos efectivos (en parte soldados de los batallones Ost, ya mencionados en el anterior artículo), peor entrenamiento y armamento obsoleto. Esto no significó que no lucharan prácticamente hasta la muerte durante el Día D.  

6:30 de la mañana. Dos batallones de carros de combate desembarcan en la playa Omaha. De un total de 96 carros Sherman DD, 55 logran llegar intactos, sobreviviendo al fuerte oleaje (varios tanques se hundieron antes de alcanzar la orilla), a las minas y al fuego contracarro alemán. Sin embargo, se encuentran con dificultades para apoyar a la infantería. Los transportes anfibios también acabaron en el fondo del mar, perdiéndose varias piezas de artillería. Estas circunstancias van a causar grandes pérdidas a los soldados, que se encuentran desprotegidos en el momento de tocar tierra. La playa Omaha está fuertemente defendida, de hecho fue la más difícil de tomar por las tropas Aliadas aquel día. Los alemanes habían preparado un sangriento recibimiento: postes minados, erizos metálicos para destruir las lanchas de desembarco y "puertas belgas"[2]. Además, había ocho búnkeres de hormigón, tres casamatas y otros reductos con cañones antitanque, baterías de artillería, nidos de mortero y ametralladora, y emplazamientos con lanzacohetes. En resumen, los norteamericanos se van a encontrar con una playa fortificada y armada hasta los dientes.     

Casi al mismo tiempo en el que los tanques intentan desembarcar, las compuertas de las LCVP se abren: comienza una auténtica masacre. Unidades enteras pierden a casi todos sus hombres y oficiales en pocos minutos. Las temibles ametralladoras germanas MG42[3] y los morteros aniquilan por decenas a las fuerzas norteamericanas. Muchos mueren nada más salir de las lanchas, otros se ahogan por el peso de su equipo o son rápidamente abatidos al poco de pisar la playa. Para que el lector se haga una idea de lo que fue este momento, basta con ver los primeros minutos de la  película Salvar al Soldado Ryan, es una recreación perfecta de la carnicería que se produjo: https://www.youtube.com/watch?v=XoSJV54BLmw.

Aunque la distancia hasta el malecón era de solo 300 m, avanzar un solo metro se convirtió en una lucha a vida o muerte. La primera oleada de asalto queda inmovilizada en un sangriento caos que durará varias horas. A pesar del apoyo blindado (que también se fue reduciendo, pues varios Sherman fueron destruidos), la situación es preocupante: se están empezando a acumular hombres, vehículos y suministros a lo largo de la playa y las tropas casi no han podido avanzar. Los médicos no dan a basto para atender a decenas de heridos y los ingenieros de la Marina intentan desesperadamente despejar obstáculos para empezar a abrir salidas hacia tierra adentro, pero debido al fuego enemigo trabajan muy despacio.

A las 7 de la mañana desembarca la segunda oleada de tropas. Con éstas lo hacen también el general de brigada Norman Cota y el teniente coronel Charles Canham. Ambos van a ser fundamentales para guiar a los soldados a través de la playa. Rápidamente, avanzaron hasta un terreno escarpado para encontrarse con sus hombres. Es en estos duros momentos cuando el teniente coronel George Taylor, de la 1ª División pronunció unas históricas palabras que han pasado a la Historia militar: "¡Hay dos tipos de hombres en esta playa, los muertos y los que van a morir, así que salgamos de aquí cuanto antes!". Mientras tanto, Canham y Cota; este herido en un brazo, puro en boca y pistola en mano; fueron animando valientemente a la tropa para que saliera de la playa a través de camino elevado de Les Moulins. Poco a poco y en reducidos grupos, los soldados norteamericanos empezaron a salir de la playa. Las minas y los francotiradores causaron algunas bajas. Eran las 8:00 de la mañana. Los Aliados aún tardarían más de una hora en capturar el primer gran búnker germano: el WN-60. A pesar de todo, la lucha continuaba siendo muy intensa y en la orilla todavía se amontonaban hombres y suministros.     

Los Altos mandos no las tenían todas consigo. Desde el puente de mando del crucero pesado USS Augusta, el general Omar Bradley, el contraalmirante Alan Kirk y el general Ralph Royce observan la situación con enorme preocupación. Si las fuerzas norteamericanas no logran tomar y asegurar Omaha, la operación Overlord estará en peligro. Miles de hombres podrían quedar atrapados entre el mar y los alemanes. Además, habría que diseñar una compleja operación auxiliar de reembarque de las tropas, con todos los riesgos que ello conlleva (véase lo sucedido cuatro años antes en Dunkerque[4]). Deciden intervenir rápidamente: ordenan a los destructores USS McCook, Carmick, y Emmons que abran fuego. Durante más de dos horas, destrozan varios emplazamientos y baterías alemanas. Sin duda, esto ayudó a mejorar la situación. Por otro lado, el general Dietrich Kraiss tuvo que desviar parte de sus tropas más al E para hacer frente a los desembarcos británicos. Impidiendo de esta forma que los hombres que defendían la playa pudieran ser reforzados. 

Hay otro punto clave en este sector de terreno normando donde desembarcaron los Aliados: Pointe du Hoc. La inteligencia creía tener información fiable de que los alemanes habían apostado allí varios cañones. Se diseñó una operación de asalto específica para capturarlos. El 2º Batallón de Rangers al mando del teniente coronel James Rudder desembarcó al pie de los acantilados de Pointe du Hoc. La tarea se convirtió en todo un reto, los soldados tuvieron que escalar una empinada pared de 30 m de altura siendo continuamente hostigados por fuego enemigo. Una vez en la cima, tras vencer la resistencia alemana, se encontraron con una desagradable sorpresa: los cañones eran falsos, de madera. Los auténticos habían sido retirados tierra adentro (serían encontrados y destruidos posteriormente). Rápidamente, los hombres de Rudder quedaron atrapados y tuvieron que hacer frente a fuertes contraataques de granaderos alemanes. Finalmente, casi sin suministros ni municiones, tras sufrir numerosas bajas y resistir durante casi un día entero, fueron rescatados por Rangers del 5º Batallón. Debido a las cuantiosas bajas y los graves fallos de inteligencia, esta acción ha sido considerada por los historiadores como una de las operaciones más ineficaces del Día D.         

Hacia media mañana, las fuerzas Aliadas ya estaban avanzando a través de varias salidas abiertas por los ingenieros, facilitando la llegada de más refuerzos. Al mismo tiempo, los alemanes se vieron superados y sin municiones, por lo que empezaron a rendirse. Los informes por fin eran favorables: la playa Omaha había sido tomada y comenzaba el avance tierra adentro. Sin embargo, el precio fue terrible, más de 2000 hombres fueron muertos o heridos. Por momentos, toda la invasión pendió de un hilo. Omaha fue sin dudas uno de los puntos críticos de la jornada. En las siguientes horas, llegó el turno de los británicos y canadienses, que desembarcaron en las playas Gold, Juno y Sword. Estas acciones las narraré en el próximo articulo.

Fuentes:

ZALOGA, Steven, El Día D (I): La playa Omaha. Barcelona, RBA Coleccionables (Osprey Publishing), 2008

RYAN, Cornelius, El Día más Largo. Barcelona, RBA Coleccionables, 2005

WILLS, Chuck, Historia ilustrada del armamento. Desde las hachas a las armas automáticas. Madrid, Libsa, 2012

BEEVOR, Antony, El Día D. La Batalla de Normandía. Barcelona, Crítica, 2010

JORDAN, David, y WIEST, Andrew, Atlas de la II Guerra Mundial. Madrid, Libsa, 2005

 







 

                  




[1] Popularmente conocida como "Big Red One". Una de las mejores unidades militares norteamericanas de la guerra. 
[2] Construcción metálica a modo de obstáculo para bloquear los caminos y salidas a los tanques.   
[3] Esta excelente y mortífera arma podía disparar 1.200 disparos por minuto. Fue la ametralladora alemana más temida de toda la Segunda Guerra Mundial. 
[4] En junio de 1940, más de 300.000 soldados belgas, franceses y británicos fueron evacuados por mar de esta ciudad francesa. Aunque la operación Dinamo fue un éxito, la Luftwaffe y la artillería alemana causaron numerosas bajas a las fuerzas Aliadas.